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viernes, 14 de febrero de 2014

LA TORRE DEL NEGRO


Situación:
La enigmática Torre del Negro está entre las poblaciones de Los Urrutias y El Algar, en los alrededores del Mar Menor, en la provincia de Murcia.

Sus coordenadas UTM son 37 41´ 25´´ N - 0º 52´ 91´´ O.

A ella se accede por la carretera N-332 que une Los Alcázares y Cartagena, paralela a la autovía del Mediterráneo ( E15 ).

Situación de la Torre del Negro

Torre del Negro en carretera N-332

El edificio:

La Torre del Negro es una propiedad privada, que consta de un edificio con forma de prisma inclinado que es la torre propiamente dicha, de dos plantas y una altura de 14 metros, además de unas edificaciones anexas a ella que son de construcción más reciente.

Torre del Negro

La torre fue construida en 1585, en tiempos de Felipe II y su nombre inicial  fue Torre de Arráez, es probable que este nombre provenga de la palabra árabe arráez que significa algo así como jefe y  también identifica a la persona  responsable de las encañizadas, aunque finalmente se le dio el nombre de Torre del Negro debido a un esclavo liberado de las Galeras Reales que trabajó allí y que era negro . 

 Torre del Negro y edificaciones anexas
Su función inicial fue la de torre rural de aviso de ataques de piratas berberiscos en las costas de las poblaciones circundantes al Mar Menor, desde ella se daba aviso de la llegada de estos piratas que navegaban por las aguas mediterráneas y de la laguna y hacían sus racias sobre las poblaciones costeras.  Otras torres construidas en la zona durante los siglos XVI y XVII, tenían la misma función, como la torre del Rame, la de las Encañizadas o la torre sobre la que fue construido el faro de Cabo de Palos.

Torre del Negro

Leyenda:

Según dicen existe una leyenda entorno a esta legendaria torre que cuenta que hacía 1583 La Torre del Negro fue ocupada por un herrero alquimista, que se empeñó en fabricar un neumático para poder sacar los cañones de los barcos hundidos en el mar utilizando técnicas de propias de la alquimia. Una noche desapareció sin dejar rastro y  nadie supo más nada de él. Dicen, que tal vez, se metió en el mar y no volvió a salir de él.

Así que se cuenta que algunas noches, en la torre, se oyen martillazos sobre hierro y que en algunas zonas del Mar Menor se ven burbujas saliendo del mar.


lunes, 16 de enero de 2012

EL CABEZO DEL CARMOLÍ III. POLVORÍN Y LEYENDA DE LA ENCANTADA

Cuartel y polvorín

Durante la guerra civil El Carmolí fue sede de una escuela de la aviación republicana, en aquel tiempo tanto el cabezo del Carmolí como la Marina del Carmolí eran propiedad del Ministerio de Defensa. De hecho siguió sirviendo de acuartelamiento para el ejército del aire y como polvorín hasta casi los años 80 aproximadamente.

Vista del antiguo cuartel del ejército del aire

Posteriormente este polvorín fue abandonado por el ejército, al igual que toda la zona adyacente de las faldas del cabezo y de la Marina del Carmolí, donde también quedan restos de esta actividad militar en forma de búnker de vigilancia costera, antiguas pistas de aterrizaje, barracones semiderruidos y un hangar, que en su momento se construyó para un prototipo de hovercraf modelo VCA3, que llegó a la base aérea de Los Alcazares en 1978.

Hangar construido para albergar el prototipo de hovercraf

Aunque toda esta zona es espacio protegido sigue siendo terreno militar, gracias a lo cual posiblemente se haya favorecido su conservación.

 (Véase también el artículo La Marina del Carmolí un lugar de importancia ecológica excepcional I de junio de 2010)


Leyenda de la Encantada

A continuación relato una historia que me contó un amigo que le había oído a su abuela, lógicamente no es exactamente como él la escuchó de boca de ella, me he permitido ciertas licencias poéticas, aunque el lugar que describo es donde se supone que se desarrolló ciertamente este hecho. En esencia viene a ser una leyenda de "La Encantada", tan típica en el norte de España y tan rara por estos lugares.

Cuenta la leyenda que a principios del siglo pasado en una pequeña loma situada al suroeste del Carmolí, mientras su rebaño comía los últimos brotes de hierbas, ya oscureciendo la tarde del día de San Juan, un pastor se vio sorprendido por una extraña figura fulgurante que le atrajo hacia la loma.

Una vez allí el pastor creyó haber tenido una alucinación, quizás provocada por la acción del vino que había tomado con la merienda o simplemente por una ilusión óptica debida al juego de luces del atardecer en las rocas, así que se dio la vuelta y empezó a caminar hacia su rebaño de ovejas con la intención de recogerlo e irse pronto a dormir después de una dura jornada de trabajo.

En ese momento oyó a sus espaldas como una voz femenina y sensual le llamaba, al volverse casi se cae al suelo del estupor que le produjo la figura de la que procedía esa voz y pensó que realmente había tomado demasiado vino con la merienda y que lo que estaba observando en ese momento era producto de su ebriedad.

La imagen que vio no la pudo volver a olvidar en toda su vida, se trataba de una hermosa mujer de largos cabellos oscuros, facciones perfectas y un busto firme, pero que de cintura hacia abajo tenía cuerpo de ave, como si de una garza se tratase. La mujer portaba en una mano una daga y en la otra un peine de oro con el que peinaba sus cabellos.

El pastor, incrédulo, se frotaba los ojos por si de esa manera lograra ver mejor lo que tenía delante y desapareciera esa forma aberrante de la naturaleza que al mismo tiempo lo atraía hacia ella con su voz melodiosa y su gran hermosura. Era como si estuviera hechizado por ella, pero al mismo tiempo quería salir corriendo porque el miedo le invadía el cuerpo, sudaba y estaba muy nervioso, con el corazón  en un puño latiendo como si quisiera salir del pecho.

De repente esta extraña mujer, medio humana, medio ave, se dirigió a él para decirle con una voz suave y armoniosa:
¿Qué quieres la dama, la daga o el peine?, a lo que él respondió sin poder pensar demasiado, debido al sentimiento confuso de miedo y embelesamiento que tenía en ese momento, que quería la daga. Al decirle esto esa figura femenina tan extraña enfureció y le gritó con una voz que se torno de armoniosa en estruendosa como si saliera del mismo averno: ¡Pues con ella te atraviesen el alma, porque me has encantado para otros cien años!

El pastor al oir esta maldición quedó petrificado, viendo desaparecer delante de sus ojos tan repentinamente como había aparecido a esta mujer encantada. En cuanto se pudo recuperar del hechizo al que parecía haberlo sometido salió corriendo hacia su rebaño con esa sensación de angustia que produce el terror para recogerlo lo más rápido que pudo y dirigirse a su casa, donde no pudo pegar ojo en toda la noche pensando en esta extraña aparición.

Al día siguiente cuando despertó el pastor, no lograba discernir si todo había sido una pesadilla o si había sido cierto todo lo que había vivido ese mágico oscurecer de la noche de San Juan y aunque realmente no le atravesó ninguna daga su pecho, si es cierto que el hombre vivió atormentado por este hecho, porque nunca logró saber si la historia que él mismo contaba a la gente la había vivido realmente, había sido producto de los vapores etílicos de su vino de merienda o simplemente un mal sueño.

viernes, 18 de febrero de 2011

EL CASTILLICO DEL MIEDO I

En una de las lomas al sur del Carmolí se halla una pequeña torre medio derruida, resto de lo que fue un molino harinero típico del campo de Cartagena, utilizado para la molienda de harina, el molino “El Miedo”. No se sabe exactamente de que época data pero probablemente sea del siglo XVIII o XIX como la mayoría de molinos de la zona.

Castillico del Miedo en una loma al sur del Carmolí

Este edificio es un bien de interés cultural por la Disposición Transitoria Primera de la Ley 4/2007, de 16 de marzo, de Patrimonio Cultural de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, como la mayoría de los molinos del campo de Cartagena. Su número de matricula es 160748 y su número de inventario: 083, según la Gerencia Municipal de Cartagena.

La mayoría de gente no sabe exactamente de donde proviene el nombre del “Castillico del Miedo”, como lo llaman los lugareños, y lo atribuyen a la leyenda del “Tío Belmonte”, pero la realidad es menos rocambolesca, y se llama así por estar situado junto al pequeño caserío llamado del Miedo, que a su vez toma su nombre de la rambla del Miedo, que pasa adyacente a este caserío y que desemboca en el Mar Menor a través de la Marina del Carmolí.

Situación y accesos

Está situado en una loma al sur del Carmolí, al oeste de la población de Los Urrutias junto a la carretera que va desde El Algar hacia Los Urrutias en una latitud de 37º 40` 37.91” N, una altitud de 0º 50` 39.21” O y una elevación sobre el nivel del mar de 12 metros, equivalente a las coordenadas UTM X=690225 :Y=4172401. Sistema geodésico: Datum=ED50.


Foto aérea del Castillico del Miedo

Para acceder hasta este viejo edificio, símbolo de una de las tradiciones más típicas de esta zona en otros tiempos, hay que ir hasta la población de El Algar y tomar la dirección hacia los Urrutias y en el kilómetro 1.3, pasada la “Hacienda del Pino” casi a la entrada de los Urrutias, en el margen izquierdo de la carretera se puede ver la loma coronada por esta molino.

Rambla del Miedo

En realidad es la convergencia de varias ramblas que provienen de la Sierra de Cartagena-La Unión (rambla de El Descargador, rambla de Porras, rambla Taller, rambla El Duende, etc… ) y que finalmente entre todas conforman la rambla del Miedo que desemboca en el Mar Menor, esta rambla en conjunto con la Miranda y la del Albujón son las ramblas que tienen caudales más activos en el saladar de la Marina del Carmolí, y suelen inundar la zona cuando llueve torrencialmente o cuando hay excesos de agua en los campos de regadío.
Esta rambla durante el siglo pasado y finales del siglo XIX depositó por escorrentía gran cantidad de estériles mineros en el saladar procedentes de la actividad minera en la Sierra de Cartagena-La Unión.
Además hasta el año 2004, que se sepa, la depuradora de La Loma-Los Urrutias vertía sus aguas mal depuradas a la rambla del Miedo, de forma que las aguas residuales acababan al final de igual forma en la laguna.

Leyenda del “Tío Belmonte”

El tío Belmonte fue un personaje que vivió a principios del siglo pasado cerca de los Urrutias, su casa estaba justo enfrente del “Castillico del Miedo”.
Era un hombre inculto, violento y huraño, viudo y con un hijo joven, al que le gustaba la bebida y las mujeres, de profesión aguador. Tenía muy mala fama en el pueblo de Los Urrutias por su oscuro pasado. Cuando la gente lo veía pasar por el pueblo con sus tinajas de aguador recelaba y los niños salían corriendo y se metían rápidamente en sus casas atemorizados por este personaje. De ahí que cuando los padres querían que sus hijos no salieran de casa o que volvieran a ella, le decían: ¡Qué viene el tío Belmonte por la calle!, como quien dice que viene el hombre del saco o el coco.
La leyenda dice que al parecer este hombre acosaba sexualmente a una tendera del pueblo que estaba casada con un honrado comerciante del lugar, y como veía que no le hacía caso, en una ocasión intentó forzarla y ella le amenazó con que su marido lo mataría. La reacción del tío Belmonte no fue de miedo precisamente, sino todo lo contrario, según cuenta la leyenda esperó junto con su hijo al marido de la tendera un día en un camino que solía frecuentar a las afueras de Los Urrutias y al parecer lo mataron entre los dos.
La tendera poco después dejó el pueblo y no se supo más de ella, parece ser que volvió junto a su familia a su pueblo natal.
Este crimen nunca fue resuelto, ni probado y ni El tío Belmonte, ni su hijo fueron nunca condenados por este crimen, unos dicen que porque tenía amigos influyentes en los juzgados de Cartagena y otros porque nunca se encontraron pruebas suficientes para condenarlo, lo cierto y verdad es que el tío Belmonte siguió viviendo en su casa frente al molino y ejerciendo su profesión de aguador en los pueblos de alrededor hasta que murió de viejo.
Debido a esta leyenda y la situación de la casa del tío Belmonte, frente al “Castillico del Miedo”, muchas personas creen que en realidad el nombre del molino se debe al miedo que infundía este personaje en la población.

martes, 10 de agosto de 2010

LEYENDA DE LA ISLA DEL BARÓN

Yo soy el barón de Benifayó, y en grata hora me batí en duelo con cortesano tan relevante como fue don Diego de Castañeda, y digo fue, pues no puede serlo más después de que mi florete le atravesara el pecho de parte a parte en perfecto lance. Murió el malhayado don Diego y quisieron los cielos que en castigo, fuese yo confinado en singular isla, nacida y reinante en el centro mismo del mar que llaman certeramente, menor.

Abandonado en la isla, prendóme della y su entorno desde el primer momento en que la pisara, pues es este un lugar delicioso para la vida, lejos de la civilización, rodeado de natural belleza y de un mar como no existe otro en el redondo mundo, pues encontrándose dentro del pequeño mediterráneo, es aún más reducido, ya que la costa lo recoge para sí, cual laguna salada limitada por un largo brazo y su manga de tierra.

Tanto me enamoré de este lugar que, terminado mi castigo y libre ya de mi reclusión, compré esta hermosa isla y trasladé aquí mi lugar de residencia, construyendo para tal uso, un palacete de estilo neomudejar, tan de moda entre los nobles a finales del diecinueve, al que añadí por mi gusto un insigne torreón, en cuyas paredes reinaba el escudo de mi ilustre casa. Y como fuera que mi fortuna era abundante y mi ánimo vivía exaltado por el bienestar en aquel idílico paraje, las fiestas se sucedían, nobles de todo el litoral acudían en galeotas y el vino y las mujeres destacaban en cada celebración, dándole una fama tan grande como depravada a estos festejos.

Y fue en uno de estos bailes donde vi por primera vez, tan rubia y pálida, tan esbelta y grácil, a la princesa rusa que enamoró mi corazón conquistador. Me fue bien fácil conseguir de su arruinada familia, el beneplácito para el matrimonio, mas no el suyo, pues obligada a vivir junto a mí, cerró su corazón y perdió para siempre su vista en el mar con melancólico gesto. Mil veces la vi bajar hasta la playa de los contrabandistas, desnuda y abandonado su pensamiento entre las olas que lamían las rocas, pero ese deseado cuerpo de hembra noble, que invitados y pescadores veían con embeleso y lujuria durante los largos paseos de mi princesa, no tuvo nunca más dueño que el mismo mar.

Ha pasado un siglo y mi alma ha quedado encerrada entre las ruinas del palacete que en vida fue mi morada y ahora es sólo mi cárcel. A menudo, escucho a los pescadores contar historias sobre mi amada, que dicen pereció entre mis manos y fue enterrada en secreta tumba en esta isla. El altísimo me otorgó la dádiva de no recordar en mi purgatorio tal episodio, si es que fuera cierto que así sucediera, que también pudiera ser cruel leyenda.

Cuentan también que al caer la noche, se la ve aún vagar por la playa, desnuda y envuelta en un aura levemente iluminada, pero por mucho que lo deseare, por más que suplicare al cielo en estos años, yo no he podido volver a contemplarla pues, por gloria del Dios justiciero, dicen que su exquisita figura se esfuma cuando se acerca a las ruinas, envueltas en sombras, del palacio donde, como alma en pena, habito.

Un relato de: Tautina Robledos.

Fuente Cartagena Antigua.